| Leonor |
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| Escrito por Haghen |
| Viernes, 22 de Julio de 2011 17:47 |
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Leonor
Todo se ve tan pequeño desde acá arriba… tan vulnerable, tan perfectamente organizado… como si de hormigas se tratase…
¿y acaso no lo son?
Oigo a un grupo de niñas caminando y hablando de facebook, de fotografías provocativas, de moda, de banalidad. Oigo a un hombre hablando por Celular, pidiendo disculpas, parece estar a punto de llorar. Escucho tacones que avanzan apresuradamente, escucho zapatillas que le persiguen de cerca, posiblemente esto se ponga entretenido. Trato de encontrar la dirección exacta de donde provienen esos ruidos y de pronto escucho un grito, o más bien, un gemido, eso lo confirma, alguien quiere seguir desequilibrando la balanza. Hora de actuar. Me aseguro de que mi traje y mi cuerpo estén despiertos, vuelvo a respirar profundamente para sentir la adrenalina corriendo por mi cuerpo. Esto es mejor que esa mierda que me inyecto. El traje se pone mas laxo, eso está bien. Me muevo por el tejado del edificio hasta llegar a una esquina donde sepa que puedo caer sin ser vista, tomo mi cabello y hago un moño, no quisiera estropeármelo ni que me estorbe durante el salto. Todos los preparativos listos, no hay mas tiempo que perder. Y salto del edificio Son aproximadamente 21 pisos, o unos 50 metros de altura.
No lo suficiente para ponerme a tono pero supongo que estará bien. El viento es calido y suave, me acaricia, y mientras aumento mi velocidad al caer, los microorganismos del traje se aceleran y se contraen ajustándose a mi cuerpo, mis pechos se sienten apretados, de no ser por esa sensación pensaría que voy cayendo totalmente desnuda.
Me acerco al suelo a gran velocidad y cuando estoy a menos de un metro de distancia el traje libera parte de la energía alcanzada por la caída para generar una aceleración negativa a mi trayectoria, es decir, llego al suelo como una pluma, y aun queda bastante energía almacenada, la que utilizo para correr hasta el lugar donde posiblemente alguien esté siendo atacado.
Me muevo entre las sombras de la ciudad, con cautela, evitando ser sorprendida. No tardo mucho en encontrar mi objetivo, tras esa esquina una mujer llora por auxilio, tras este muro y movidos por la lujuria, la necesidad, o simplemente el éxtasis, dos criminales intentan llevar a cabo sus fechorías. Aguardare un momento -No se resista mijita, danos todo lo que tenga´i y quizás no te hagamos nada - Dice uno de los asaltantes mientras que el otro se acerca peligrosamente a la víctima tomándola por el cuello. La mujer continúa llorando y tratando de suplicar. Nada de eso sirve. Alargo mi espera a ver si alguien más se atreve a rescatarla, a ver si aquellos que se llaman a si mismo seres humanos son capaces de socorrer a alguien que no ha hecho nada que merezca ésta situación.
Empiezan a registrarla, a violar su intimidad en búsqueda de algo valioso. El perfume de ella les incita a llegar más lejos. No tardan en forcejear con sus ropas intentando sentir su piel, sus genitales, probar su aroma a miedo y encanto femenino. Las frías manos de los asaltantes entran en contacto su tibio pecho. Se sienten excitados, sus mentes ya no piensan correctamente, ella está tan asustada que no hace movimiento alguno y deja que continúen acariciándola salvajemente, satisfaciendo sus inmundos deseos e impregnándola de su hedor a podredumbre. La mujer da un último grito de auxilio antes de que uno de ellos saque una navaja. La sociedad no responde. El espectáculo es repúgnate, dejo mis cuestionamientos de lado y simplemente actúo.
Corriendo a toda velocidad, sin miedo, sin importar las consecuencias me abalanzo contra el sujeto que portaba el arma, su reacción es lenta y mi pie alcanza su rostro, el traje a gastado gran parte de su energía así que no le causo gran daño, solo consigo alejarlo unos cuantos metros de la mujer, el otro rápidamente se escuda tras ella y también saca una cortaplumas. Este tipo de situaciones son complejas y se debe actuar con rapidez y precisión. En 0.8 segundos acelero al máximo los electrones a mí alrededor y los mantengo apegados a mi piel, mientras que las neuronas de mi cuerpo comienzan a producir el triple de sinapsis aumentando aun más el potencial eléctrico en mi interior, un proceso fatigoso pero muy efectivo. Tratando de controlar lo mas posible el campo eléctrico generado, lo dirijo directo a la cabeza de mi objetivo, de pronto y a causa de la diferencia de potencial generada entre el sujeto y yo logro una descarga eléctrica, 2000 voltios aproximadamente, una fuerte luz ilumina el lugar por un instante infinitesimal. La victima y el asaltante yacen en el piso, parte del impacto también lo recibió ella, era inevitable. Ambos sobrevivirán. Aquella demostración de poder me deja exhausta, y mientras recupero mi aliento el primer sujeto al que había golpeado se recupera e intenta apuñalarme por la espalda. Me es difícil esquivarlo y recibo un peligroso corte en mi costado izquierdo. El dolor es opacado por la ira y la adrenalina. -¿Acaso no vez que estas acabado?-Las palabras salen de mi boca sin pensar.- ¿Por qué tratas de continuar haciendo el mal?- Mi voz suena enfadada, se que debo controlarme, pero, estos humanos, esta sociedad, inmunda suciedad, me hacen enojar. -Cállate conchetumare.- Es lo único que me logra responder antes de que aplaste su nariz contra mi rodilla. -Has cometido un crimen y sin importar los motivos has de ser castigado por ello.- Estoy tan furiosa que no dudo ni un instante en enseñarle modales no solo por la razón, si no que también por la fuerza. Tomo su cuchillo y mientras yace de rodillas en el piso agarro su mano y corto su dedo pulgar. -Para que me recuerdes.-Le digo, mientras ahogo su grito con mis manos. La balanza ya no puede seguir desequilibrándose, la corrupción y la maldad han abrazado a todo cuanto puede contemplar el ojo humano. Si he adquirido este poder es porque el mundo me a mostrado el camino, es porque el mundo necesita que el orden sea reestablecido, para que el bien y el mal se equilibren. Pienso en esto mientras camino a darle una lección al otro sujeto. Mientras me desplazo, la mujer, aun algo aturdida, intenta reincorporarse. Por mi parte tomo la cabeza de quien permanece inconciente en el piso y con su propia cortaplumas intento quitarle el ojo izquierdo. -¡¡¡Que diablos estas haciendo!!!.- Me grita la mujer intentando detenerme. -Le enseño una lección a estos infelices.-Respondo mirándola a los ojos. -No te entrometas.-continúo- vete a casa, ya estas a salvo. Y apunto el cuchillo directo a la pupila de mi objetivo. A menos de un milímetro de distancia del ojo siento como soy detenida por quien hace un momento fuera la victima. -¡No lo hagas por favor, déjalos! -Mierda, cállate de una vez y lárgate a tu casa, acabas de ser casi violada por estos tipos y quieres que salgan impunes.-Le grito.- es por culpa de gente como tu que éstas mierdas siguen haciendo de las suyas en las calles, así que si no me sueltas tendré que enseñarte una lección a ti también. Siento en mi brazo como ella trata de oponerse a mis actos con vehemencia, no lo puedo soportar. La hipocresía de la gente. Me pongo de pie y la encaro. Entones logro ver en sus ojos aquella determinación que solo los entupidos pueden poseer. -Ya basta.- Me dice con lágrimas en sus ojos y dolor en sus palabras. -Solo piensa en lo que hubiese pasado si yo no hubiera llegado.- Es lo único que le respondo mientras que en mi garganta se forma un pequeño nudo. ¿Por qué? Debo marcharme de aquí. Vuelvo a mirar tanto a victima como a victimarios por sobre mi hombro. Camino lentamente apegándome más y más a las sombras del callejón y alejándome más y más de una escena que no es nueva para mí.
De vuelta en la sima de un edificio trato de poner en orden mis ideas e intento llegar a un resultado coherente. Hay tantas preguntas en mi mente y cada noche se va tornando peor y más molesto. Desde hace mucho que la adrenalina no calma todo mi caos cerebral y las drogas de a poco se hacen menos efectivas. A pesar de ser la estudiante mas capacitada de la universidad, a pesar de comprender las leyes que rigen a la materia y de poder manipularlas a mi antojo, no soy capaz de comprender la naturaleza autodestructiva del ser humano. Querámoslo o no, nuestra civilización ha sido forjada a base de esperma y sangre. No fuimos más que un pequeño error en la ecuación universal el que a través del pasar de los años se ha ido propagando hasta llegar a lo que somos ahora, un cáncer. No, no puedo continuar pensando de este modo. Es mejor volver a casa, a mi refugio, a la calidez de mis paredes, corroídas por mi propia vulnerabilidad. Buenas noches ciudad perdida en tu ignorancia. Son las 2:30 Am y las nubes se agolpan en el cielo. En el horizonte, un relámpago ilumina mi camino a casa, de tejado en tejado, con la gracia que solo un felino puede tener, me deslizo por la oscuridad preocupada de una sola cosa. Tomar el camino corto al país de las maravillas. Oigo el silencio imperturbable de las familias escondidas tras sus muros, confiadas de que mañana el mundo será mejor, sin necesidad de que ellos mismos sean los precursores del cambio. Necios conformistas. Entro por una de las ventanas de mi casa, la que me deja directo en mi habitación. Mi hogar. El cuarto está oscuro pero aun conserva el calor del día que ha culminado. Inhalo profundamente tratando de alcanzar hasta los rincones más profundos de mi mente con el aire, lo contengo por un momento y luego exhalo con fuerza y sostenidamente en un esfuerzo por expulsar todo el sentimentalismo que me embarga.
Me desvisto frente a mi espejo y veo mi cuerpo desnudo, con algunos moretones, con una nueva cicatriz aun húmeda de sangre, suelto mi cabello y lo dejo acariciar mi cuerpo, entonces recuerdo aquellos tiempos en que el sexo aun era divertido en que los sueños y el amor eran lo único importante. Trato de desviar mis pensamientos y mi mirada. Inconcientemente veo mi pequeño trono y mi pequeña espada, un viejo sillón y una antigua jeringa de metal. Era hora de visitar mi reino. Un cosquilleo recorre mi cuerpo al sentarme en mi calido sofá. Abro uno de los veladores junto a el y saco una pequeña bolsa que contiene una serie de estupefacientes. Mis glándulas salivales se activan y me recorre un escalofrío. Esto es lo único que podrá quitar de mi mente el mal sabor dejado por la simpleza humana presa de insignificantes emociones, lejos de los instintos. ¿Quienes son realmente los animales? Hoy solo aplicare un poco de morfina. Ensarto la aguja en la botella y extraigo unos 3 milímetros de la sustancia, con un cinturón ya gastado y acostumbrado a este trabajo exprimo mi brazo izquierdo para ver mis venas claramente, y voy cayendo lentamente hacia el otro lado del espejo. Buenas noches. |
| Última actualización el Miércoles, 03 de Agosto de 2011 04:04 |





Doy una gran bocanada de aire y contengo la respiración por unos instantes, luego desacelero las partículas de nitrógeno a unos 3 kilómetros a la redonda volviendo el aire mas denso, lo suficiente como para poder oír a grandes distancias sin alterar significativamente su composición. 





